facebook censura politica

Este fin de semana publicaba por aquí el último relato distópico titulado «El sueño americano«. Una suerte de día de la marmota que bebía del meme cultural de esa norteamérica como El Dorado de la civilización, como máximo exponente de la Democracia moderna.

La realidad, por supuesto, es antagónica.

Desde el martes en EEUU hay toque de queda a partir de las 7pm. Y no, no es por el coronavirus, sino por la decisión de su presidente, Donald Trump, de silenciar las protestas multitudinarias que los días anteriores han llegado a ocupar las cercanías de la Casa Blanca y muchos otros lugares emblemáticos de EEUU tras la muerte de un ciudadano negro por parte de la policía de Minneapolis.

¿Tan grave ha sido? Pues sí, habida cuenta de que la muerte se debe a que precisamente en este estado se sigue permitiendo bloquear por el cuello a los detenidos (lo de poner la rodilla en el cuello para ahogar a la persona y conseguir con ello que se calme), y que casualmente, y como señala Europa Press (ES), desde el 2012 dos tercios de las personas que fueron detenidos de esta manera eran de raza negra. Dos tercios de todos los detenidos en una comunidad en la que solo el 19% son afroamericanos.

¿Curioso, verdad?

Un problema racial de base

El tema tiene más chicha de la que parece.

Como señalaba Atilio (ES) recientemente:

En 1944 Gunnar Myrdal, un sueco que había recibido el Premio Nobel de economía, escribió un libro titulado “El dilema norteamericano” para desentrañar las raíces del llamado “problema negro” en Estados Unidos.

Su investigación (EN) demostró que los afroamericanos eran percibidos y tratados por los blancos -salvo un sector que no compartía esa creencia- como una “raza inferior” a la cual se le negaba el disfrute de los derechos supuestamente garantizados por la Constitución. Por eso los afroamericanos quedaban en situación estructural de desventaja con los blancos: bajos ingresos, menor educación y mayor desempleo construyeron la trama profunda de un círculo vicioso heredado de la larga historia de la esclavitud y cuyas sombras se proyectan hasta el presente.

Myrdal concluyó su estudio diciendo que Estados Unidos tenía un problema, pero era de otro color: blanco. Una población denostada, agredida y discriminada, que incluso después de un siglo de abolida la esclavitud debía luchar contra la cultura del esclavismo que sobrevivió largamente a la terminación de esa institución.

El Informe de la Oficina del Censo de EEUU (EN) del año 2019 confirma la validez de aquel lejano diagnóstico de Myrdal al demostrar que si el ingreso medio de los hogares estadounidenses era de $ 63.179 y el de los hogares “blancos” $ 70.642 el de los afroamericanos se derrumbaba hasta los $ 41.361 y el de los “hispanos” caía pero estacionándose en $ 51.450.

Los blancos son el 64 % del país, pero el 30 % de la población carcelaria; los negros suman el 33 % de los convictos siendo el 12 % de la población. El 72 % de los jóvenes blancos que terminan la secundaria ingresan ese mismo años a una institución terciaria, cosa que sólo hace el 44 % de los afrodescendientes.

Y digo que estos datos son interesantes porque revelan una realidad que es aún más incómoda de aceptar por una persona blanca, como es mi caso: que quizás el problema del racismo, en este caso centrado en EEUU, pero a fin de cuentas (y quiero pensar en menor medida) un problema global, tiene una difícil solución, ya que se asienta en la base misma del sistema social que hemos creado.

¿Hay más negros en la cárcel por su «tendencia a delinquir», o porque aunque sea inconscientemente han sido discriminados y juegan con menores oportunidades de cara a prosperar económica/educacionalmente?

George Floyd, volviendo al caso, murió debido a que pese en el registro gráfico (no voy a enlazarlo aquí por razones obvias, pero a poco que busques seguro que lo encuentras) se ve claramente que no opuso resistencia, el policía estuvo durante casi 10 minutos encima de él oprimiéndole el cuello con sus rodillas. Poco antes de morir, Floyd alertó de que no podía respirar, y aún así el policía siguió.

Sobra decir que Chauvin ha sido detenido y enviado a prisión imputado por homicidio en tercer grado, pero esto no hubiera ido mucho más lejos si no fuera porque el querido presidente de EEUU Donald Trump se ha puesto del lado del gobernador de Minnesota en un hilo de tweets, asegurando que el ejército está avisado y que: «cuando empiezan los saqueos, comienzan los tiros», lo que ha llevado a que Twitter bloquee dicho contenido por «glorificar la violencia» y por tanto contravenir la política de uso de la plataforma:

La sección 230 y la excusa de la censura

El tema viene de principios de la semana pasada, y es que justo estos días Trump ya estaba dolido porque Twitter había tenido la poca decencia de sugerir justo debajo de dos de sus últimos tweets contenido relacionado que desmentía sus palabras.

En ellos, el presidente hablaba de cómo el voto por correo promovido por California es poco fiable y asegurando que «las papeletas serán falsificadas e incluso impresas ilegalmente«.

Un servidor ya se pronunció en referencia a los sistemas de voto por correo, y como expliqué técnicamente aún tienen algunos obstáculos que solventar. Pero de ahí a que sea un sistema menos fiable que el que tenemos actualmente (que también es fraudulento) hay un largo trecho.

En este caso Twitter lo que hizo fue colocar un disclaimer tras estos dos tweets con un enlace para que, quien quisiese, pudiese comparar la afirmación categórica del presidente con otras noticias. Un sistema de fast-check de toda la vida, que a ojos de Trump es al parecer un intento de «silenciar las voces conservadoras», lo que le ha llevado a firmar un día más tarde una orden ejecutiva para controlar «la libertad de información».

Una situación exactamente igual a la que vivimos por estos lares hace unas semanas con otra publicación de Santiago Abascal (ES).

El tema es que no se sostiene por ningún lado, y de hecho muy probablemente quede en papel mojado, ya que con ello Trump espera cambiar la sección 230 de la Communications Decency Act para que sean las plataformas sociales consideradas legalmente responsables (y por tanto, demandables) de todos y cada uno de los comentarios publicados en las mismas.

De esta manera, a Twitter se le podría demandar por haber «editado» el contenido de Donald Trump incluyendo una advertencia que lo señala como contenido potencialmente falso, argumentando que esto se hace específicamente con algunos usuarios (en este caso Donald Trump) y no indiscriminadamente (todos los tweets que hablen del tema, sean o no potencialmente falsos).

Y digo que no se sostiene porque afortunadamente tiene todas las papeletas de terminar estancada en los tribunales, y porque precisamente esa «edición» de la que habla Trump se hace para proteger el derecho a la información de todos los ciudadanos.

Que esos sistemas de fast-check están ahí para intentar minimizar el impacto de las fake-news. Justo una de las principales herramientas del resurgimiento de movimientos populistas con claros exponentes como el de Donald Trump en EEUU, el Brexit en UK, o el de Bolsonaro en Brasil o el de VOX en España.

Que no te llamen a engaño: Lo que quiere Trump no es eliminar «la censura» de las grandes plataformas de comunicación, sino precisamente dotar a los populistas de un sistema que les permita seguir lanzando campañas informativas falsas. Sean del color que sean (por que sí, esto también le vendría genial a la extrema izquierda).

El lado equivocado de la historia

Es ahí cuando entra en escena Zuckerberg y Facebook, criticando no la acción de Trump, sino la de Twitter (EN) por bloquear dicho contenido (el que incitaba a la violencia por parte de los militares).

Un posicionamiento que le ha llevado a que tanto fuera como dentro de su empresa se hayan producido numerosas quejas.

Según sus propias palabras (ES):

Sé que muchas personas están molestas porque hemos dejado las publicaciones del Presidente, pero nuestra posición es que deberíamos permitir la mayor cantidad de expresión posible a menos que cause un riesgo inminente de daños o peligros específicos deletreados en políticas claras. Miramos muy de cerca el post que discutió las protestas en Minnesota para evaluar si violó nuestras políticas. Aunque el post tenía una referencia histórica preocupante, decidimos dejarlo porque las referencias de la Guardia Nacional significaban que lo leemos como una advertencia sobre la acción estatal, y creemos que la gente necesita saber si el gobierno está planeando desplegar la fuerza. Nuestra política en torno a la incitación a la violencia permite el debate sobre el uso de la fuerza estatal, aunque creo que la situación de hoy plantea preguntas importantes sobre cuáles deben ser los límites potenciales de ese debate.

El presidente publicó más tarde, diciendo que la publicación original estaba advirtiendo sobre la posibilidad de que el saqueo pudiera conducir a la violencia. Decidimos que este post, que explícitamente desanimó la violencia, tampoco infringe nuestras políticas y es importante para que la gente lo vea. A diferencia de Twitter, no tenemos una política de poner una advertencia frente a las publicaciones que pueden incitar a la violencia porque creemos que si un post incita a la violencia, debería ser eliminado independientemente de si es digno de noticias, incluso si viene de un político.

La decisión sigue por tanto el camino de las anteriores, dando carta blanca a cualquier contenido siempre que venga de «un perfil con interés público». Que si eres Donald Trump podrás escribir lo que quieras, pero si eres tú o yo, ni se te ocurra mostrar un pezón o decir cualquier cosa que potencialmente pueda considerarse inadecuada.

Una de las críticas más sonadas, la de Timothy J. Aveni, un ingeniero de software que abandonaba la compañía tras publicar una nota pública que decía:

«Mark siempre nos dijo que en los discursos que llaman a la violencia, marcaría la línea. Nos mostró el viernes que eso era una mentira. Facebook seguirá moviendo los posts en el timeline cada vez que Trump se intensifique, encontrando excusa tras excusa para no actuar en una retórica cada vez más peligrosa.

Desde el viernes, he pasado mucho tiempo tratando de entender y procesar la decisión de no eliminar el post racista y violento que Trump hizo el jueves por la noche, pero Facebook, cómplice de la propagación del odio armado, está en el lado equivocado de la historia».

Y detrás de la decisión de Facebook, por supuesto, hay intereses económicos.

Como ya expliqué en su día, el partido republicano lleva años siendo el principal anunciante (por facturación) de la plataforma. Asegurando que Donald Trump podrá decir lo que quiera entre sus muros, se anota un tanto. Aunque esto suponga aceptar que se viralice contenido falso.

Un ejemplo de guión más de cómo hace tiempo que Facebook perdió el rumbo, anteponiendo sí o sí los billetes al sentido común.

Si aún quedaba alguien que pudiese confiar en WhatsApp, Facebook, Messenger e Instagram como plataformas fiables para algo más que no sea utilizarlas como pasarela publicitaria (ya ni hablemos a nivel informativo), ya va siendo hora de que cambie de parecer.

Y solo espero que llegue el día en que este imperio caiga por su propio peso. La mochila pesa cada vez más, y como decía el bueno de Timothy, Facebook está en el lado equivocado de la historia.

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