Sony, Corea del Norte, EEUU y los inicios de la nueva era del DDoS

Día de Navidad que se presenta cargadito. Agárrese a la silla :). Resulta imposible, a la vista de los acontecimientos de estas últimas dos semanas en referencia al hackeo de Sony, no caer en la conspiranoia.

DDoS

Al margen de esa estrategia filtrada en el ataque que situaría a la compañía como una de las seis patas de un MPAA con vistas a censurar internet a puerta cerrada, no puedo evitar mirar con suspicacia a un EEUU que desde el primer momento se ha posicionado como firme defensor de la causa.

Un EEUU que, sin venir a cuento (recordemos que SONY es una empresa japonesa, pese a que tenga un gran volumen de negocio en el otro lado del charco), levanta el primer dedo acusando a Corea del Norte (EN), con la única prueba de que los ciberatacantes pidieron la censura de la película “The Interview” (EN), que deja en mala posición al gobierno de este país.

Una petición que, recordemos, ocurrió a posteriori.

Un ataque más, que ni siquiera ha sido el más grave sufrido por la propia japonesa (ES), conocida en el mundo de la seguridad como uno de los gigantes más vulnerables del sector.

Y ahora, casualmente, nos encontramos frente a un ataque masivo a la infraestructura de internet de Corea del Norte que ha dejado el país sin red durante 10 horas. Un ataque estadounidense, que ha llegado a afectar a media internet, como le pasaba al proveedor español DinaHosting (ES), supuestamente por albergar en sus servicios la web korea-dpr.com, y llegaban a afectar incluso a servicios como GitHub (EN).

Puede seguir el ataque en directo vía ipViking (EN/enlace roto) o recapitular los de días anteriores en DigitalAttackMap (EN).

Obama como ese héroe de los comics que todos idolatran (incluso es Novel de la Paz), y Corea del Norte como el malo malísimo, el Jocker del que hablaba el maligno (ES) recientemente. Los roles están bien definidos, como le gusta a la prensa.

¿No es mucha casualidad que ahora, justo cuando el debate sobre el abuso de autoridad y control de las agencias de inteligencia como la NSA por parte de la opinión pública, renazca un nuevo peligro proveniente de un viejo enemigo? ¿A nadie le llama la atención que en sí el ataque ha sido terriblemente burdo?

Si en verdad estuviera un gobierno detrás, ¿Por qué atacar a Sony y no a Google, Apple o Microsoft, que son estadounidenses? ¿Tiene sentido personalizar el ataque en la figura de una banda del cibercrimen como es GOP? ¿No hubiera resultado más “inteligente” realizar ataques sofisticados para que el “enemigo” no supiera de donde le caían las hostias?

Corea del Norte y el hackeo a Sony es el regalo perfecto de Navidad para un gobierno como el americano, necesitado de que surja un nuevo Irak como excusa para mantener sus gastos en ciberguerra. Un país enemigo de todos, y lo suficientemente pequeño para que no represente un desafío real (de China o Rusia ni hablamos).

El objetivo no es otro que mostrar ciber-músculo. Un aviso a los verdaderos objetivos, y también al resto de aliados.

EEUU tiene capacidad de tumbar internet, así que ojo con lo que hacéis.

En el otro lado, el malo malísimo de todos los tiempos. Un soberano dictador, en guerra permanente con el mundo entero, encapsulado en un país cerrado a cal y canto, con una sociedad anclada impositivamente en el siglo pasado, sin derechos ni libertades.

EEUU es su salvador, como en su momento fue para las gentes de Irak. El mesías que viene a desmantelar las bombas nucleares el poder cibernético de nuestro opresor, a librarnos de la injusticia.

Y de paso, hacer partícipes al resto de potencias de que hay un nuevo rey en occidente con capacidad y recursos de sobra para realizar ataques masivos de denegación de servicio. Que internet, el tercer entorno, es un bien cedido que se nos puede negar con tan solo apretar un botón.

Queda más palpable ahora la necesidad de descentralizar la red, de apostar por arquitecturas P2P que no dependan de nodos, empresas y gobiernos. De que Internet no sea la moneda de cambio para sembrar el miedo, sino la vía para defender nuestros intereses.