innovacion que funciona

Este año que dejamos atrás nos ha regalado, además de una pandemia, dos momentos tecnológicos a mi forma de ver realmente apasionantes, y que ejemplifican a la perfección la disyuntiva habitual entre tecnologías innovadoras.

Por un lado hemos tenido los primeros Macbook y Mac Mini con procesadores ARM. Por otro lado, junto con las consolas de nueva generación, hemos presenciado dos maneras distintas de afrontar la innovación en un periférico tan importante para esta industria como es un mando: El de Xbox, y el DualSense de PS5.

Vamos a hablar de ambos hitos tecnológicos por separado.

Macs con ARM

La idea de ejecutar sistemas operativos de escritorio en arquitecturas ARM no es nueva, y mucho menos de Apple. Para variar, los de Cupertino llegan tarde, pero cuando llegan, suelen conseguir remover los cimientos de la industria.

Y esto justo es lo que ha pasado.

Ya comenté por aquí en profundidad cómo es la experiencia de trabajar durante ya algo más de dos meses con un Mac Mini con procesador ARM.

¿El resumen? No hay diferencia.

Y esto, de hecho, es su mayor éxito.

Igual que lo mejor que le puede pasar a una persona que le transplantan un órgano, las mejores innovaciones, las verdaderamente disruptoras, son aquellas cuyo proceso de adaptación es nulo, que no suponen apenas dificultad alguna adaptarse.

A nivel de uso, hoy en día, un Mac con procesador Intel, y un Mac con procesador ARM, son exactamente el mismo producto. Pero el segundo:

  • Sale más barato.
  • Es más rápido.
  • Tiene mucha mayor autonomía/eficiencia energética.

No se le puede pedir más a un producto tecnológico. Que por menor coste, gaste menos luz/le dure más la batería y encima acabe demostrando ser hasta más eficiente en el día a día, para un producto del que precisamente esperamos que nos facilite la vida, suena casi a fantasía.

Y es justo lo que ha pasado con, recordemos, los que han sido la primera iteración. ¡La primera!

Ya ni me quiero imaginar qué sacará Apple este año y los que viene.

Tanto que Microsoft, que se metió en esto del ARM ya hace años, se sabe que va a seguir sus pasos y sacar sus propios ordenadores con ARM ahora que parece que Windows 10x sí está preparado para ello (no el despropósito que supuso la versión anterior).

Que probablemente en 5/10 años el mundo de la informática estará dominado por arquitecturas que son semejantes a las que tienen nuestros móviles, dejando ya de lado esos Intel que parecen haber sido incapaces de adaptarse al nuevo mundo.

La caída en desgracia del que fuera el amo y señor de los chips durante décadas, y una puerta de entrada para una segunda vida de una arquitectura licenciada que ha demostrado ser todoterreno.

Todo, por cierto, sin que el usuario base, ese que no va a leer esto, tenga ni idea de que ha habido un cambio.

De esto van las innovaciones que funcionan.

joy con dualsense

DualSense (o los joy-con de Switch) vs el mando de Xbox Series X

El segundo hito en la industria de este año pasado ha sido la llegada, por fin, de la nueva generación de consolas.

Y aquí no solo hablamos de PS5/Xbox Series, sino también, en parte, de Google Stadia, que aunque no llegase per sé este año, creo que ha encontrado en 2020 la excusa perfecta para arañar algo de mercado.

Ya comentamos la jugada por estos lares en más de una ocasión, así que de todo lo que supone la llegada de la nueva generación, me quedo con dos propuestas diametralmente opuestas, y aún así ambas innovadoras, en eso de la experiencia de usuario con periféricos.

  • Por un lado Microsoft apuesta por una innovación incremental, es decir, sacar un nuevo mando que es prácticamente como el anterior, solo que con cuatro puntitos que lo mejoran. El tacto rugoso de los cuernos por los que lo coges, la cruceta, que es heredada de la del mando Élite, un sistema de bluetooth que se supone más eficiente (menor latencia) y el botón de share. Por lo demás, incluido el aspecto visual, casi son iguales al de Xbox One.
  • Por otro lado tenemos al DualSense de Sony, que rompe casi por completo tanto líneas de diseño como tecnología del mando de PS4, y apuesta por una innovación disruptora, sobre todo por la vibración háptica, los sensores que incluye, y los gatillos adaptativos. Como ya hiciera Nintendo con sus mandos (mira el de la Wii o el de la Switch), lo que esconde debajo de la carcasa el DualSense es una obra de arte de mucho cuidado. Una pieza de ingeniería única, que les ha servido para diferenciarse un poco más de la competencia.

Y lo mejor de todo es que ambos acercamientos son acertados.

mejoras mando xbox

Para muchos, entre los que me incluyo, el mando de la Xbox One, y ahora el de la Xbox Series X, es el mejor que hay en el mercado. Tanto que, de hecho, se ha vuelto el estándar de la industria (cualquier juego, sea en PC, sea en móviles o tablets, sabes que va a funcionar con este mando).

Es un mando cómodo, bien diseñado, y para colmo hasta flexible a la hora de que sea el usuario quien decida apostar por pilas (mayor duración con el handicap de tener que ir cambiándolas) o batería (mayor comodidad con el handicap de ir perdiendo eficiencia con el tiempo).

A cambio, un producto como el DualSense, o los JoyCon de la Nintendo Switch, apuestan por ofrecer un cambio de paradigma, y plantean con su innovación disruptiva nuevas maneras de experimentar los juegos.

El problema de esta apuesta es que requiere que el resto de la industria se suba al carro, y cuando la propuesta no es valorable por el resto de potenciales consumidores, puede que como le ha pasado a la pantalla táctil de los mandos de PS4, o al giroscopio de los JoyCon de la Nintendo Switch, la mayor parte de estas nuevas maneras de experimentar se queden únicamente relegadas a los lanzamientos que la propia compañía haga.

Las innovaciones disruptivas tienen este handicap. Que aunque la idea sea buena (y reconozcamos que lo que hay en el DualSense lo es), solo el tiempo dirá si juegos más allá de los que vienen pagados por Sony se aprovechan de ello.

A fin de cuentas, para un estudio que va a sacar su juego en varias plataformas, casi seguro que lo que más le interesa es pulir la experiencia de juego con el mando de Xbox, que es el estándar. Ya, si se anima o no a aprovechar el giroscopio de los JoyCon para su versión en Switch o la vibración háptica para Switch y PS5 (que encima, de seguro, tendrá desarrollos distintos y no interoperables), solo dependerá de que en efecto haya o no un valor tangible y económico que sustente ese gasto de horas de desarrollo en adaptar las mecánicas de juego a estos nuevos paradigmas, y que el grueso de sus jugadores vayan a aprovecharlo.

Algo que, recalco, no está del todo claro. Sin ir más lejos casi todos los jugadores profesionales desactivan cualquier tipo de vibración o handicap (como el de los gatillos adaptativos) ya que aunque en efecto la experiencia se vuelve más inmersiva, para juegos de competición es por razones obvias un lastre.

Y a mucho menor nivel, un servidor, de hecho, juega a la Switch con un mando que no tienen ninguna de esas tecnologías innovadoras que sí incluyen los joycon, pero que resulta mucho más cómodo en las manos y hasta ofrece funcionalidades low-tech que son más interesantes.

Innovación que funciona e innovación que debería funcionar

Así que por aquí tienes dos formas distintas de afrontar la innovación en productos tecnológicos.

Serán los límites entre lo que es inmediato y requiere un proceso de aprendizaje, o cuenta con unas barreras de entrada superiores, lo que marca si una innovación que funciona… acaba funcionando.


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