The boys series

«Nuestras sensación es que cuando se emiten los ocho [episodios] de una vez, se vuelve un subidón de azúcar de maratón. La gente lo quema a lo largo de una semana o dos. Hay una cantidad intensa de actividad y después se desvanece… Hay tantos grandes momentos en la temporada 2 que queremos dar tiempo para marinarla para que la gente pueda reflexionar y hablar antes de que se vayan a lo siguiente y así estar en la conversación un poco más. Creo que un poco de expectación para los fans es sano»

Con estas palabras Erick Kripke, creador y showrunner de The Boys (ES), la serie de mayor éxito de Amazon Prime, y probablemente la mejor re-interpretación satírica del género de los superhéroes post Marvel y DC (con permiso de la trilogía de Shyamalan, ya sabes), defendía en Collider (EN) la decisión de sacar su segunda temporada, que por cierto estamos devorando en casa como si no hubiera un mañana, a capítulo por semana, frente a la temporada 1 que, como la mayor parte de las series de Amazon Prime, salió de golpe entera el día de su estreno.

Y no es la única que ha apostado por ello. Sin ir más lejos Territorio Lovecraft de HBO (ES/por cierto, RECOMENDADÍSIMA) se está ofreciendo en la plataforma de esta manera.

Que sí, que tanto HBO como Hulu o Disney+, por hablar de tres plataformas digitales, son más proclives a la entrega capitular de series. Pero estos movimientos en Amazon Prime Video o Netflix, garantes desde el principio de entregar todos los capítulos desde el primer día, sorprenden.

La razón, por supuesto, bebe de dos fuentes distintas. Y quería precisamente dedicar esta pieza a profundizar sobre ello.

La ideosincrasia de una serie capitular

Ya lo he explicado en más de una ocasión, pero no me importa repetirme.

Realmente el paradigma de obra (cinematográfica, pero si me apuras cualquier otra cultural) cortada en trocitos y liberada cada cierto tiempo vino, precisamente, forzado de la propia industria.

En su día, las series televisivas se compraban por paquetes, y se emitían en las cadenas en cualquier orden. De ahí que, por ejemplo, a ojos de muchos millenials nos pueda sorprender que las primeras series de Star Trek no tuvieran nunca (miento, hay por ahí un par de capítulos que sí) tramas que ocupaban más de un capítulo. Cada capítulo empezaba, tenía su nudo y su desenlace, dejando el desenlace sin cambios críticos para que indistintamente del orden en el que se viera la serie, todo encajase.

Hasta aquí parte de la historia antigua. La que algunos no vivimos jajaja.

Por supuesto los tiempos cambian, y quitando ese renovado interés por las series antológicas, lo cierto es que la mayor parte de la industria ya genera estas obras partiendo de la máxima de que se verán en el orden marcado por el autor. Es más, muchas series se tienen que ver de inicio a fin, ya que si te quedas por el medio te pierdes parte de la trama (y si me apuras, de nuevo por intereses puramente económicos, casi es raro encontrar una serie de nueva hornada que tiene un final puro, apostando la mayoría por finales de temporada que dejan la puerta abierta a, si hay pasta, seguir renovándolas indefinidamente).

Con la irrupción de los servicios de streaming el paradigma, nuevamente, cambia. Ya no dependemos de la planificación de una cadena, sino que cada uno se crea su propia planificación.

Por tanto, si a nivel puramente de negocio ya no tiene sentido lo anterior (no hay que ocupar X horas a tal hora del día para X contenido), y para colmo a nivel puramente de uso por parte del cliente (cada usuario ve el contenido que le da la gana en cualquier momento), tampoco parece necesario mantener esa icónica estructura de un capítulo cada semana, ¿por qué seguir haciéndolo?

Es más, parece que la demanda del mercado pide justo lo contrario.

Y dicho y hecho. Con Netflix como principal exponente de esta nueva oleada en la industria, las series llegaban el día 1 con la temporada entera, incitando a los ya por todos conocidos atracones de capítulos.

Algo que todos los aquí presentes, en mayor o menor medida, hemos fomentado.

Así se ha comido un servidor, por ejemplo, las primeras temporadas de Stranger Things.

¿Cuál es el problema entonces?

Pues principalmente dos.

Los intereses económicos vuelven a aparecer

¡Con la iglesia hemos topado!

Si eres un peso pesado de la industria como Netflix, que gasta cada año tropocientos mil millones de dólares en producciones propias, muchas de ellas de una calidad media tirando para abajo, con algún que otro blockbuster que retiene a los usuarios, pues oye, el ponerlo todo de golpe hasta tiene sentido.

Tienes tantísimo catálogo, y tu modelo de negocio está basado en la pura fuerza bruta, que el mostrar una y otra vez músculo (más contenido) funciona.

¿Que luego atosigas a un porcentaje específico de tus usuarios? Pues oye, es lo que hay.

Que todo lo malo en esta vida fuera que tenemos DEMASIADO CONTENIDO donde perder el tiempo…

La cuestión es que frente a Netflix, también hay otros gigantes en la industria cuyo modelo de negocio no se basa en la cantidad, sino en la calidad.

Amazon, Disney o HBO saca al año, a lo sumo, 5 o 6 series, generalmente de bastante mejor calidad que lo que vemos en Netflix.

Y el mantener el formato capitular semanal permite meterlo dentro de la rueda de la promoción y el marketing. Una excusa para mantener durante más tiempo las suscripciones de ese porcentaje de usuarios que se dan de alta para ver la serie de turno, y luego lo paran otros meses hasta volver a ella.

Los atracones no dejan el mismo sabor de boca

Pero no solo hablamos de intereses económicos. También hablamos de los propios intereses del usuario.

Alguna vez, defendiendo este formato en alguna conversación, ponía el mismo ejemplo:

Un Game of Trones, o un Lost, en época del streaming de contenido, no hubiera sido ni de lejos el éxito cultural que fueron en su época.

¿Por qué? Te preguntarás. Y la respuesta es muy sencilla.

Pues porque más allá de la propia serie (los capítulos), lo que ha hecho grande a estas producciones ha sido la conversación que se formaba alrededor de ella.

  • Esas mañanas al día siguiente en la oficina o en clase en la que se debatía sobre el último capítulo.
  • Esas teorías (en algunos casos locas) que leías al buscar información en Internet.

Sin ir más lejos, Tenet, de Cristopher Nolan, que tenemos ahora en el cine, bebe precisamente de ese hype pre y post visionado. La experiencia de consumir una película o serie no termina cuando terminamos de verla, sino que continúa mientras se mantenga vivo el interés de la audiencia.

Y todo esto, en una serie cuyas temporadas están enteras disfrutables dese el primer día, es más complicado que ocurra.

No hay tanto tiempo para generar esa comunidad. Y es más, la obra pasa entonces más rápido al olvido, entrando dentro de la vorágine de nuevos lanzamientos.

O si no, que se lo digan a la última temporada de The Umbrella Academy, que salió hace tan solo un mes:

¿Alguien se acuerda de algún momento célebre?

Porque tener los tenía, pero oye, que me aspen si puedo señalar alguno…

La vimos en dos días y seguimos con otras cosas.

Así que un hurra por el formato capitular semanal. Libera presión del usuario (no vaya a comerme un spoiler mañana por no tener tiempo hoy de comerme los 8 capítulos restantes…) y favorece que la obra crezca con el interés de la comunidad.

Además que la estrategia que parece que están siguiendo la mayoría que apuestan por este formato (el primer día tienes tres capítulos, y a partir de entonces uno cada semana) coge un poco lo mejor de cada mundo (puedes ver una semana dos o tres capítulos si tienes mucho mono).

¿No te parece?

Y una excusa como cualquier otra para recomendarte tanto The Boys si te apetece ver algo macarra, como Territorio Lovecraft, si te interesa ver cómo diablos casa la obra de este genio del terror con el género pulp.

Dejo por aquí el tráiler de esta segunda:

Ver trailer de Territorio Lovecraft (ES)

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