precio vs valor

Èlia (ES) en muchas de sus charlas mete la ya mítica frase de Warren Buffet: «El precio es lo que pagas, el valor es lo que obtienes».

No le falta razón (a Èlia, y al bueno de Buffet), pero bajo esa frase aparentemente insulsa y simplona se esconde toda una teoría de percepción del valor que, en esencia, es causa de problemas continuos en la sociedad. Por eso de que el valor, al ser algo no siempre fácilmente cuantificable, depende del conocimiento del que lo recibe. Que algo puede parecernos barato o caro ya no solo porque en esencia objetivamente hablando lo sea, sino porque depende de una capacidad de valoración que quizás nosotros obviemos, o de la que directamente carezcamos.

¿Quieres ejemplos?

¿Cuánto vale contratar a un profesional?

Empiezo con uno que tengo muy trillado: ¿Cuánto cuesta contratarme?

El otro día mismamente dije que no a un proceso de selección de una gran compañía que quería, para salir de dudas sobre qué agencia le interesaba más, que las tres finalistas participáramos en una «prueba» en la que tendríamos que diseñar su estrategia a medio año vista.

Mientras me lo decía la persona (directivo de nivel C), le tuve que interrumpir para explicarle que afortunadamente en PabloYglesias no necesitábamos hacer el trabajo gratis a nadie con la esperanza de que, si al final sonaban las trompetas, nos eligieran.

Y también le dije muy cortésmente que entendía, no obstante, que las otras dos agencias estuviesen muy conformes con la decisión. Cada persona, y cada empresa, es un mundo. Pero afortunadamente tanto un servidor como mi equipo llevamos ya muchos años trabajando con clientes reales, y podemos demostrar nuestro expertise (el valor que ofrece nuestra propuesta) en base a las acciones que hemos hecho con ellos.

Los números, simplemente, cuadran.

La cuestión es esa. Gracias a Dios nuestra profesionalidad y el boca a boca, el trabajo nos llega a nosotros, y por ello preparamos de media alrededor de 20 propuestas a la semana. Muchas de ellas, por supuesto, no saldrán, pero hablando mal y pronto, «tengo los huevos pelaos» con todos aquellos que, bien sea por puro desconocimiento, bien sea por caradura, esperan obtener el valor que podemos darle en una consultora a un precio muy menor:

  • Sobre los primeros (desconocimiento), nada que objetar: Igual que para mi ya es el día a día, entiendo que una persona que acaba de montar un negocio online, o quiere digitalizar su negocio a pie de calle, no tenga ni idea de lo que cuestan los servicios que pide. Son los típicos perfiles que te mandan un email o te escriben por whatsapp diciéndote que «necesitan que les lleves las redes sociales», «les borres contenido reputacional dañino en Internet» o «les hagas una web». Aquí el problema de base, como decía, es el desconocimiento o la desinformación a la que están expuestos. Ven servicios de creación de páginas webs gratuitas o a pocos euros al mes, y joder, cuando les sueltas que hacer una página profesional cuesta, de base, 1.500 euros, se echan las manos a la cabeza. A fin de cuentas a ojos de ellos el resultado «es el mismo». La «única diferencia» es que casualmente los trabajos hechos por un profesional funcionan. Los que hace el amigo o el hijo, no (y por eso te están escribiendo). Y lo mismo pasa con esa idea absurda de que tu negocio necesita a un CM o un «trafficker». No, las redes sociales, o la web, o la publicidad online, o el SEO, son un medio para conseguir un fin, y ese fin necesita de una serie de objetivos e hitos que lamentablemente ninguno de estos perfiles te va a planificar. No es su trabajo. El suyo es simplemente publicar y responder a preguntas, siguiendo las pautas que haya marcado el consultor (si es que lo hay), o levantando el dedo y mirando hacia donde sopla el viento en caso contrario. Punto.

Haciendo un símil con el mundo de la construcción, a un servidor le pagan por saber dónde hay que clavar el clavo, no por clavarlo. Lo segundo, de hecho, lo hago (casi) gratis.

  • Sobre los segundos, perder el mínimo tiempo posible: Como decía, hace tiempo que dejé en lo profesional de comer mierda. Si un posible cliente, o incluso si un cliente me da muchos problemas, hasta luego. Si me empiezan a regatear antes de que comencemos a trabajar, no me quiero ni imaginar cuando estemos trabajando. Descontando que cualquier nuevo cliente es en esencia un contrato con un compromiso por mi parte de dedicarle X horas. Es decir, que estoy entregando mi bien más valioso (el tiempo) por dinero. De base en la transacción salgo perdiendo (por mucho dinero que tenga no puedo comprar más tiempo, y al revés sí), como para además regalarlo.

Y del trabajo, al entretenimiento

Sin embargo, pese a que en el caso del coste por servicio de consultoría lo tengo más que claro, el tema se diluye cuando lo que tenemos delante es un producto o servicio de entretenimiento.

Sin ir más lejos:

En situaciones como estas, tanto propias como de clientes, una de las mayores incertidumbres es qué precio ponemos. ¿A cuánto valoramos el «valor» que ofrecemos con nuestro producto o servicio?

¿Cuánto vale disfrutar de un libro?

En literatura la cosa es casi puramente subjetiva. Hay no obstante algunas bases, como que por alguna razón que nadie llega a comprender (movimientos del mercado, entiendo), los libros de no ficción suelen costar más que los de ficción.

Pero ya está. No existe una correlación entre, por ejemplo, el número de páginas y el precio. O la temática y el precio. Ahí tienes libros de autoayuda de 20 páginas de mierda a 20 euros, y novelas de 500 páginas a 14. Y tampoco parece que tenga que ver con el trabajo que costó crearlo. Últimamente se ha puesto muy de moda sacar libros de 20-25 páginas con tips técnicos a precio de oro («Criptodivisas para noobs», «Cómo facturar seis cifras con el marketing online») reaprovechando contenido en internet, que les ha llevado a sus creadores a lo sumo un par de tardes, maquetación incluida. En cambio montar una novela de ciencia ficción te puedo asegurar que lleva, literalmente, AÑOS. Ya ni hablemos de los ensayos (sean o no académicos), que a veces suben a la friolera de 40 o 50 euros por poco más que lo que podrías encontrar en abierto en páginas como esta.

Y esto curiosamente aplica a casi todas las cosas del mundo del ocio:

¿Cuánto vale disfrutar de una película?

Pues hasta hace poco parecía bastante estándar eso de pagar entre 5-10 euros si ibas al cine, o unos 3-6 si alquilabas en casa.

Pero de pronto llegan los servicios de streaming y pagas por suscripción, no por producto.

Y de pronto llega una pandemia y sirve de excusa a la industria, que ya estaba de antes poniéndose las pilas, para saltarse al intermediario (las cadenas de cine) y llevar estrenos hollywoodienses a la pequeña pantalla por, ojo al dato, ¡22 eurazos!

El producto es el mismo. El valor que obtienes, sin embargo, no.

¿Cuánto vale jugar a un videojuego?

Pues de nuevo, depende.

Hasta ahora los triple A costaban en su estreno unos 70 euros. Con la nueva generación pasarán a costar 80.

¿E indies? Pues parecía que unos 40 era el precio tope.

Además ambos bajarán a la misma velocidad, de nuevo dependiendo de cada compañía (Nintendo por ejemplo casi no baja el precio de sus títulos, pero otras como EA o Campcon a los dos o tres meses los tienes casi a la mitad).

Eso sin olvidar nuevamente la sombra del streaming, con propuestas como ese Game Pass que es, de lejos, la propuesta más económica.

Pero es que indagando un poco más, te das cuenta de que aquí curiosamente el género sí importa más que, por ejemplo, el coste que valga la redundancia cuesta sacar ese título. A la mente me viene un indie como The Witness (ES), una puta maravilla que ha marcado un antes y un después en la forma de afrontar el género de puzzles, que llevó casi 10 años producirlo, y que sin embargo salió a precio reducido. Y mientras tanto, tienes por ahí los típicos shooters clónicos, o ya puestos, los juegos de fútbol, que cada año son prácticamente el mismo juego con diferentes plantillas y equipos, que salen a precio completo.

¿Me quieres decir que a EA le cuesta sacar el FIFA de turno más que a un pequeño estudio indie? No, y sin embargo, la gente paga sus 70 80 euros por FIFA y se escandaliza cuando ve, por ejemplo, que Disco Elysium (ES) cuesta 50 euros de lanzamiento.

El precio de las cosas

Todo porque, como decía el bueno de Buffet y repite Èlia en sus charlas, «El precio es lo que pagas, el valor es lo que obtienes».

Que al menos en mi trabajo puedo demostrar, datos en mano, que les salgo hasta barato a mis clientes.

Pero, ¿cómo valoramos el precio del resto de cosas de entretenimiento, si su valor no es cuantificable?

  • ¿Por las horas que nos ofrece? No parece una buena medida. Por ahí tienes las redes sociales (otro servicio de ocio), que son de todo menos un servicio positivo para nuestra salud mental.
  • ¿Lo dividimos por tipologías? Jodido, ya que en cultura los límites son realmente difíciles de marcar.

Qué complicado se me antoja el asunto, sinceramente…